Leyendas mexicanas de terror cortas: las más escalofriantes


México tiene algunas de las leyendas de terror cortas más conocidas de Latinoamérica. Muchas nacieron en la época virreinal, otras en pueblos de Coahuila, Sonora o Sinaloa, y todas se siguen contando en voz baja cuando se acercan el Día de Muertos y Halloween. Aquí tienes 12 leyendas mexicanas de terror, resumidas para leerlas en pocos minutos o contarlas en una noche de fogata.
En esta lista: La Llorona · La Nahuala · El Charro Negro · Las momias de Guanajuato · La mula sin cabeza · El aparecido · Don Juan Manuel · La casa de las brujas · Los fantasmas de Ortiz · El cerro de Macuiltépetl · El panteón La Lima · El Chupacabras.
- 1. La Llorona
- 2. La Nahuala de Puebla
- 3. El Charro Negro
- 4. Las momias de Guanajuato
- 5. La mula sin cabeza (Nueva Rosita, Coahuila)
- 6. El aparecido
- 7. Don Juan Manuel de Solórzano
- 8. La casa de las brujas (colonia Roma, CDMX)
- 9. Los fantasmas de Ortiz (Sonora)
- 10. El cerro de Macuiltépetl (Xalapa, Veracruz)
- 11. El panteón La Lima (Culiacán, Sinaloa)
- 12. El Chupacabras
- ¿Por qué se cuentan en Día de Muertos y Halloween?
1. La Llorona


Es la leyenda de terror más famosa de México. En la Ciudad de México del siglo XVI vivía, en un barrio cercano a Xochimilco, una mujer muy hermosa que tenía dos hijos con un español. Un día notó que la ropa de su marido olía a otro perfume; lo siguió y descubrió que él tenía otra familia, que vivía con lujos, mientras ella y sus hijos vivían con humildad.
Cegada por el rencor, decidió quitarle lo que él más quería. Llevó a los niños al río de madrugada y los ahogó. Al darse cuenta de lo que había hecho se quitó la vida, y desde entonces su alma vaga vestida de blanco cerca de ríos y lagos, gritando «¡Ay, mis hijos!».
Se dice que nunca volverá a encontrarlos, porque sus hijos, como almas inocentes, subieron al cielo. Por eso a los niños se les advierte que no salgan de noche: la Llorona podría confundirlos con los suyos.
2. La Nahuala de Puebla


Es una leyenda que suele contarse en los días previos al Día de Muertos. Hacia 1807, en Puebla, vivía Leonardo San Juan, un niño de 9 años, con su hermano mayor Fernando y su abuela. Una noche Fernando le habló de una vieja casona donde vivía el espíritu de la Nahuala, una bruja capaz de transformarse en animal que tenía presas las almas de dos niñas y buscaba más para sus hechizos.
Tres días después, Fernando desapareció. Leonardo y su abuela entraron en la casona y atravesaron cuartos llenos de trampas: paredes que se cerraban, escaleras que se desmoronaban, voces dentro de los muros. En la azotea encontraron a la bruja a punto de arrebatar el alma de Fernando; la abuela le lanzó agua bendita, rezó y los espíritus se desvanecieron.
En Puebla todavía existe la calle de La Nahuala, en el lugar donde se dice que estuvo la casona. Si pasas por ahí de noche, mejor no te entretengas.
3. El Charro Negro


Un jinete alto, de traje negro con botonadura de plata y sombrero de ala ancha que le oculta el rostro salvo un par de ojos rojos. Recorre de noche los caminos solitarios entre pueblos y tienta a los viajeros: les ofrece subir a su caballo o una bolsa de monedas de oro. Quien acepta queda atado a él para siempre.
En 1896, en Veracruz, Abundio Rosas volvía tarde del trabajo cuando el Charro se le acercó y le tendió una bolsa de oro. Abundio, que conocía la leyenda, se negó. Pero las deudas crecieron y, desesperado por darles una vida mejor a sus hijas, buscó al Charro para aceptar el trato.
El Charro Negro no tardó en cobrar: se llevó a una de sus hijas, y Abundio perdió justo aquello por lo que había hecho el pacto.
4. Las momias de Guanajuato


En 1833 una epidemia de cólera golpeó Guanajuato. Morían tantas personas que se enterraba a los enfermos casi en cuanto se les declaraba muertos, y algunos, según la leyenda, fueron sepultados en estado cataléptico y despertaron bajo tierra. Eso explicaría el gesto de angustia de varias momias.
A partir de 1865 empezaron las exhumaciones en el panteón municipal y aparecieron cuerpos momificados de forma natural, sin embalsamar; la primera fue la del médico francés Remigio Leroy. Hoy se exhiben en el Museo de las Momias. Se cuenta que cada 2 de noviembre sus espíritus regresan a los cuerpos y recorren los callejones buscando a quienes los enterraron vivos.
5. La mula sin cabeza (Nueva Rosita, Coahuila)


En los años veinte, Nueva Rosita era un pueblo pequeño donde nadie salía de noche por miedo a los muertos. Se decía que una mula sin cabeza se aparecía a los necios, a los ladrones y a quienes hacían maldades, para darles un escarmiento.
Un señor que iba cada tarde al molino por la masa para las tortillas se retrasó un día y le cayó la noche en el monte. A medio camino se rompió una rueda de la carreta y su caballo, inquieto, se soltó. Al voltear vio a la mula sin cabeza, echando fuego por el cuello. El hombre, que siempre se había burlado de la religión, pidió perdón y prometió cambiar; la mula siguió su camino y desapareció entre los árboles.
6. El aparecido


Romualdo Juárez era dueño de tierras y un pésimo patrón: humillaba a sus trabajadores y no les pagaba. Todos le deseaban la muerte, pero siempre se libraba gracias a sus dos guardaespaldas.
Una madrugada su hijo enfermó de gravedad y Romualdo salió solo a caballo a buscar al médico. En la oscuridad apareció un ánima montada en un caballo negro que lo derribó entre carcajadas. Aterrado, pidió perdón por cómo trataba a su gente y juró cambiar. El espectro se esfumó, su hijo sanó y él cumplió su palabra.
7. Don Juan Manuel de Solórzano


Es una de las leyendas virreinales de la Ciudad de México y se sitúa en la actual calle República de Uruguay. Don Juan Manuel era un hombre rico, casado con una mujer joven y hermosa. Hizo venir de España a un sobrino para que le ayudara con sus negocios, y los celos empezaron cuando vio que el muchacho pasaba mucho tiempo con su esposa.
Desesperado, pactó con el diablo: a cambio de su alma, le diría cómo deshacerse del sobrino. La orden fue clara: a las once de la noche, apuñalar al primer hombre que pasara frente a su puerta. Lo hizo, pero la víctima era un desconocido. Noche tras noche siguió matando a inocentes con la misma excusa, hasta que, consumido por la culpa, se colgó.
Se dice que en esa calle se oye todavía la pregunta con la que abordaba a sus víctimas: «¿Qué hora es?». Si alguien contestaba «las once», él respondía: «Dichoso usted, que sabe la hora en que muere».
8. La casa de las brujas (colonia Roma, CDMX)


En la colonia Roma hay un edificio al que todo el mundo llama la casa de las brujas: su torre recuerda a un sombrero puntiagudo y sus ventanas parecen ojos. La fama no viene solo de la fachada. Se cuenta que ahí atendía Pachita, una curandera a la que acudían políticos y artistas para conocer su destino o pedir favores. Vecinos y visitantes siguen hablando de ruidos y presencias en el inmueble.
9. Los fantasmas de Ortiz (Sonora)


Según la leyenda, en Ortiz, Sonora, chocaron un tren de carga y uno de pasajeros, y murieron cientos de personas. Como la muerte les llegó de golpe, sus almas no se habrían dado cuenta de que fallecieron y siguen en el lugar pidiendo justicia.
Quienes se atreven a ir cuentan que el aire es más frío de lo normal y que se siente una tristeza pesada. Dicen que, si te sientas de noche junto a las vías con una vela y en silencio, acabarás oyendo lamentos y viendo pasar un desfile de muertos.
10. El cerro de Macuiltépetl (Xalapa, Veracruz)


Este cerro, un antiguo volcán, esconde según la tradición una cueva llena de oro que solo se abre cada 24 de junio. Una mujer muy pobre pasaba por ahí con su hija en brazos cuando vio el brillo dorado. Entró, dejó a la niña en el suelo para cargar todo el oro posible y salió… pero la entrada se cerró tras ella.
Durante un año la buscó sin descanso. El 24 de junio siguiente la cueva se abrió de nuevo y ahí estaba su hija, jugando, como si no hubiera pasado el tiempo. La sacó en brazos, pero en cuanto el sol la tocó, la niña se deshizo en arena. Dentro de la cueva el tiempo se detiene; fuera, te alcanza de golpe.
11. El panteón La Lima (Culiacán, Sinaloa)


Al norte de Culiacán está uno de los panteones con peor fama de México: solitario, mal iluminado y escenario de actos vandálicos y entierros clandestinos. Se dice que las brujas lo eligen para sus trabajos y que varios veladores renunciaron tras oír risas de niños por los pasillos, llantos y lamentos. Pocos se atreven a entrar de noche.
12. El Chupacabras


Es la leyenda más reciente de la lista. En 1995 empezaron a aparecer en Puerto Rico ovejas y cabras muertas con perforaciones por donde les habían sacado la sangre, y en pocos meses llegaron relatos parecidos desde el norte de México y el sur de Estados Unidos. Los testigos describían una criatura del tamaño de un osezno, erguida y con espinas en el lomo. Nunca se ha encontrado prueba de que exista, pero en muchos ranchos mexicanos el Chupacabras sigue siendo el sospechoso cuando algo ataca al ganado de noche.
¿Por qué se cuentan en Día de Muertos y Halloween?
Entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre se recuerda a los difuntos, y estas historias forman parte de esa tradición oral: se cuentan en familia, en la escuela o en las calles de las ciudades donde ocurrieron. Si te gustan, sigue con las leyendas colombianas cortas, las leyendas ecuatorianas o la historia de el castillo de Jodorowsky.

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